Tengo las manos tan frías que el agua de la ducha me hierbe, a veces me gusta ponerme una sudadera ancha, salir al balcón de mi casa a fumarme un cigarro, y luego meterme corriendo en la ducha, y no salir hasta que el vapor de agua haya cubierto todo el baño, me gusta pensar en las cosas que me han sucedido últimamente, en los problemas que he tenido, las peleas en las que he participado, las personas a las que, temporalmente o para siempre, he perdido, e incluso a veces, pienso en cosas buenas, me gusta mirar los coches desde arriba, a la gente, que pasa por la calle, que corre para llegar al autobús o para cruzar la calle sin ir por el paso de cebra, a las personas de los edificios de enfrente, que ven la tele, o que también salen a sus balcones, me gusta pensar en todo lo mio, e imaginarme los problemas de los demás, para luego, como ahora, que el agua que cae se lleve todos mis pensamientos, porque aunque al principio quema, poco a poco mis dedos se acostumbran, y no se está tan mal.
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