No sabría como empezar a reescribir las ideas que han ido
invadiendo el foco de mi mirada mientras su voz hablaba. Sus palabras
han sido las más sabias que jamás antes había escuchado. Y aún así, solo
he logrado retener su significado y no la forma en la que ha envuelto
sus metáforas. Le quiero. Y aunque estas dos palabras sean demasiado
fuertes para definir mi estado de enajenamiento, se que podría mover el
mundo si me lo pide. O por lo menos la parte de mundo que me ha tocado y
que puedo cambiar a placer.
Pero al igual que yo sería capaz de remover el cosmos, él jamás va a pedirme semejante hazaña, por que en el fondo sabe que no puede darme lo que le pido. Que no es hacer arder la tierra en llamas o reconstruir un universo. Sino un pedacito de él. Un hueco, cuanto menos minúsculo, de su corazón. Él cual ha dejado de latir solo, y para mi desgracia; no soy yo quien acompaña sus latidos.
Pero solo Dios sabe cuantísimo me gustaría guiar estos hacia mi canto.
Pero al igual que yo sería capaz de remover el cosmos, él jamás va a pedirme semejante hazaña, por que en el fondo sabe que no puede darme lo que le pido. Que no es hacer arder la tierra en llamas o reconstruir un universo. Sino un pedacito de él. Un hueco, cuanto menos minúsculo, de su corazón. Él cual ha dejado de latir solo, y para mi desgracia; no soy yo quien acompaña sus latidos.
Pero solo Dios sabe cuantísimo me gustaría guiar estos hacia mi canto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario