Lo que si que recuerdo es todo lo que me causabas al comienzo, como llegue hasta ti simplemente por mi orgullo. Rechacé todos los principios que tenía, escasos, pero los dejé de lado para adentrarme en tu mundo.
Al principio no eras más que malestar, temblores inquietos e incontrolables en las piernas y una asfixiante sensación al final. Recuerdo que me producías vértigo, memoricé los mareos que me daba mirar a la calle sosteniéndote en mis manos. Tuve unas ganas inmensas de lanzarte para siempre al suelo y mandarlo todo a la mierda, pero luego.. Luego, se fueron haciendo más pequeños todos mis males, y menguaron hasta ser apenas apreciables, conseguí lo que me propuse, y me hiciste creer que valías la pena.. Me acercaste a cosas nuevas, y tu color de la esperanza me encharcó, abriéndome los ojos a un mundo maravilloso jamás conocido anteriormente. Me sedujiste hasta pertenecerte por completo.
Llegué a no poder vivir sin ti, pero he cambiado. Ahora, a veces, no te echo tanto de menos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario