Siento envidia de todo aire que respiras, que al salir de tu boca es otro, que resvala a la realidad por tu nariz. Tu aire se eleva en tonos de gloria, e inunda la estancia con solo mirar con el corazón abierto. Me acerco a ti. Respiro el aire que has respirado. No sabe diferente, no me siento diferente; pero lo envidio. Y anhelo cada porción de nada que ha recorrido tu organismo como tantas veces he querido hacerlo yo.
Es injusto ver que sonríes y que no soy yo quien provoca que tus hormonas se disparen en señal de felicidad. Es completamente injusto cubrir mi soledad con tu piel sin que sientas nada, ni siquiera el roze. Tampoco crees en las vibraciones que desprendo ni que en realidad, en el fondo, no hay ni frío ni calor. Que solo estoy yo, rodeada de gente, contigo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario