viernes, 4 de mayo de 2012
Despierta del agua.
Compartíamos cama, y yo te excité con palabras de amor acompañadas de mi cuerpo. Destapé el líquido de la eterna juventud y te hice olero, pensarlo, y junto con mis dedos te lo di a probar; lo acaricié por tus labios, te besé. Sabías dulce. Sabías a sol que amanece sin luna a quien amenazar. Y ese sol amaneció bajo tu ombligo, entre las pelusas narradas por la sequedad de mi lagrimal, de una forma excelsa y sorprendente: mientras que yo únicamente podia pensar en poseerte. Me llevaste a ti, introduciste mis pensamientos bajo tu tela, y abrí los ojos y el corazón. Y también abrí mis piernas para atraparte en ellas, por que sabía que en algún momento ibas a desear huir de allí. Necesitaba hacerte mío, y sanarte a pesar de que jamás has estado enfermo. El corazón contaminado era el mío, el que siempre corre detrás de cualquier hilo invisible, que luego no es.
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