Tumbada en la cama, boca arriba, tapada, mirando al techo, a la nada oscura por estar las luces apagadas, cierro los ojos, y noto como mis lágrimas, acercándose a mis orejas, me caen poco a poco por el cuello; algunas llegan a mis hombros, ahora húmedos y fríos, otras quedan absorbidas por la almohada, pero no cesan, no dejo de llorar, y todo, porque una canción, lenta, me recuerda, sonando
desde el móvil, que todavía te echo de menos.
No te mereces ninguna de mis lágrimas, no te las estoy dando, es, simplemente, que no quiero dejar de llorar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario