martes, 24 de abril de 2012
El sinónimo de carroña sentimental.
Permanecí ahí, bajo la luz del fuego, abrasado por el calor, la mancha de sangre en mi pecho era como el mapa de un continente nuevo y violento. Miré al cielo a través del intenso humo lleno de grasa humana y vi que Dios no se encontraba ahí. Vi que esa oscuridad fría y asfixiante se extiende hasta el infinito, vi que estamos solos. Vivimos nuestras vidas puesto que no tenemos nada mejor que hacer, más adelante ya les buscaremos un sentido. Venimos de la nada, tenemos hijos, que se encuentran atados a este infierno, al igual que nosotros y volvemos a la nada. No hay nada más. La existencia es algo fortuito. No hay ningún patrón salvo el que imaginamos cuando nos quedamos mirando fijamente durante mucho tiempo. No tiene ningún sentido salvo el que elegimos imponer. Este mundo que va a la deriva no está moldeado por vagas fuerzas metafísicas. no es Dios el que mata a los niños, ni es el destino el que los despedaza, ni es la casualidad la que se los da de comer a los perros, somos nosotros, sólo nosotros. Las calles hedían a fuego, el vacío respiraba con fuerza en mi corazón convirtiendo sus ilusiones en hielo, haciéndolas añicos. Entonces renací, libre de garabatear mi propio diseño sobre el lienzo en blanco, en cuestiones morales, que es este mundo. Me senté en la cama y contemplé las manchas de Roschach, intenté ver un árbol que esparce sus ramas, y cuyas sombras se juntan detrás de él, pero no lo ví. Se parecía más a un gato muerto que encontré una vez. Estaba lleno de gusanos gordos y relucientes que se retorcían a ciegas y que se contorsionaban unos sobre otros mientras excavaban túneles desesperádamente para huir de la luz. Pero incluso eso supone evitar el verdadero horror. Un horror que consiste en esto: Al final simplemente se trata de un dibujo que muestra una negrura vacía y sin sentido. Estamos solos. No hay nada más. No luches con monstruos para así no convertirte en uno de ellos. Si contemplas el abismo, el abismo te devuelve la mirada.
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