Fantaseo con estar tumbada al borde del precipicio que supone su cama, observando el abismo que cae bajo mis pies apoyada en su almohada, pero sintiéndome protegida por la constelación de pinturas que cuelgan en las paredes de su cuarto.
Fantaseo con pestañear, abrir un poco los ojos y ver sus cortinas creando nuestra cárcel atemporal, respirar e inhalar nuestros sudores que se han perdido por las sábanas de forma homogénea, y que ahora alimentan un poco nuestras pasiones.
Fantaseo con sentir sus dedos en la espalda, paseando despacio, y tratando de encontrar sentido a la posición de todas mis pecas, uniéndolas con sus uñas, notando como el frío de sus anillos va poniéndome la piel de gallina mientras me relaja.
Fantaseo con que me marque un poco los dientes en los hombros, en el cuello, con que sus labios rocen toda mi columna vertebral de arriba a bajo trazando laberintos de cosquillas por su paso, caminos de su saliva tornada excitación.
Fantaseo con dormir de un sueño tan profundo que no despierte jamás. Burlar a carcajadas la muerte y perderme en el instante donde todo cobró sentido, y donde toda conciencia se perdió.
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