sábado, 24 de agosto de 2013

Salud.

Le vi huir del cielo, entre nubes soltando rayos y ángeles enfurecidos. Le vi renunciado al paraíso, y bajando las escaleras celestiales para colarse en el maldito infierno. Luego me lo encontré andando a solas por las calles de la ciudad, moviendo tras su paso las ramas de los árboles. Y yo, que siempre he sabido algo sobre viento, sabía que era él quien hacía que las hojas se envolvieran a mi cintura.
Le vi escapando triunfante del cielo, lo que nadie jamás había conseguido hacer. Le vi y me hizo su esclava, y cada vez que agita su látigo a mi espalda os caen rayos. Y cada vez que me besa con la mirada, llueve hasta que todas vuestras almas quedan caladas.

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