De forma pausada y sin poder mantener el hilo de mi voz le pregunto a Dios por qué no puedes pertenecerme. Soy una egoísta y una caprichosa, pero me desconcierta no ponerle rostro a aquella que ha conseguido deslumbrar el secreto que escondes en tu entrepierna; y lo peor es que conoceré cada una de sus sonrisas por culpa del paso del tiempo.
También conozco las tuyas, y tú eres consciente de que sigilosamente y entre rumores sonrío por ti, a todas horas y sin ningún motivo aparente. Ha pasado el tiempo y ni siquiera llevo la cuenta de cuantas veces has pestañeado desde el momento mis ojos se posaron en tus gafas, las cuales ocultaban tu secreto, tu mirada; y todo el pozo de deseos y complicaciones que esconde el laberinto que es pacas de acercarme a tu alma. Y me pregunto si yo tendré de eso, si será incorpórea o tendrá tu rostro; me pregunto por que pretendo solucionar las cosas a base de lágrimas cuando ni siquiera conoces la versión oficial de los hechos. La que me hace ser un poco tuya y te obliga a pertenecerme, la que transforma mi agua en vino y te da más vida.
Te da la mía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario