Cuando la faldita de Annette se levantaba al saltar del muro de piedra que separaba la calle de la cancha de tenis, a Théo se le levantaba la polla sin querer. Y mientras el viento rozaba las mejillas coloradas de Annette, Théo pensaba como podría ser el tacto al besarlas. Annette tenía el pelo recogido siempre en dos trenzas que le acariciaban sus pequeños senos, y eso hacia que a Théo le saliese disparado el semen cada vez que sus ojos castaños le recorrían la piel. En muchas ocasiones tenía la facilidad de coincidir con ella, porque se reunían sus dos familias en el club que se encontraba en la segunda colina de la ciudad. Annette tenía la extrema facilidad de sonreírle sin importarle que pudiera pasar dos segundos más tarde, y cuando Annette mojaba sus labios después de beber su coca-cola, Théo se imaginaba como podía relamerse después de haberle comido el coño. ¡Ay, Dios mío! ¡Si tú supieses cuántos pensamientos impuros estoy teniendo, Dios mío, me arrastrarías sin pensártelo dos veces al maldito Infierno!
-Oye papá, ¿me puedes pedir más coca-cola? Es que tengo muchísima sed.- decía Annette mirando su vaso medio vacío de coca-cola. Atrayendo mi mirada a sus manos pequeñas y frágiles.
-Si quieres te la pido yo, pequeña Annette.- dije sin poder contenerme dos segundos más. Y mirándome de manera recatada, me dedicó una sonrisa y se acercó a mis rodillas. ¡Ay no, Annette, que notarías el móvil palpitante en tus muslos!
-¿Sabes qué quiero yo, Théo?- me preguntó mirándome a los ojos.- Quiero un trozo de tarta de queso. ¿Y sabes cómo lo quiero?- no, claro que no lo sé, mi pequeña Annette, pensé.- En un platito de porcelana china, y así, cuando rozase el tenedor con el plato, te daría dentera.-dijo mirándome y acariciándome la mano. -¿Sabes cómo se produce la dentera?
-No lo sé, mi pequeña Annette.
-Pues cuando escuchas o sientes algo que supera tus fuerzas.- dijo alejándose de mí para ir al lago que estaba a unos veinte metros de nuestra mesa.
Mi mujer no dejaba de mirarme, y entonces tuve que contener las ganas de ir tras ella. Me miraba como si supiese lo que estaba pensando, como si me conociese mucho más de lo que yo me conocía a mi mismo. Es mi mujer, pensé. ¡Ay Annette, mi queridísima Annette! Un día harás que mis intenciones se descubran.
Cuando nadie miraba, y mi esposa y mis mejores amigos se encontraban viendo las maravillas de aquel club perdido, yo corrí hacia aquel lago cristalino, donde creía que se encontraba mi perspicaz Annette. Y tuve que detenerme en aquel mismo momento si no quería que ella me viese. Desnuda, se bañaba y jugaba con los pájaros del arbusto que rozaba sus pezones punzantes. Mientras los pájaros se apoyan en sus hombros desnudos, el agua acariciaba su vientre plano y lleno de lunares, que juntos, parecían que hacían figuras geométricas. ¡Ay lo que daría yo por trazar círculos hasta su sexo!
-¿Quieres venir conmigo y jugar con mis amigos los pájaros?- me preguntó desde aquel arbusto pervertido, que yo pensé que no era a mí, pero si me había visto observarla desde detrás del árbol traslúcido no podía hacer otra cosa que contentar a la pequeña niña inocente.
-¡Ay, Annette! Vas a coger un resfriado y luego no podrás ir a la escuela.- dije metiéndome en el agua, sin querer perturbar su infancia tardía.
-No me acatarraré, además, Théo, los pajaritos me traerán los deberes si no puedo ir.- y acercándose a mi, extendiendo los brazos y luego encogiéndolos, moviendo sus delicadas piernecitas, llego hasta mi abdomen. ¡Bendita agua que no descubría el estado de mi miembro! Trepó por mi pecho y llegó hasta mi cuello. ¿Y tú tienes trece añitos? Pensé. Le rodeé la cintura con mis brazos mojados y acaricié el vello de sus lumbares. Mmmm dulce niña, susurré.
-Penétrame, Théo. Ahora, mientras nadie nos ve.
No hay comentarios:
Publicar un comentario