lunes, 26 de noviembre de 2012

Soy yo.

No ha pasado ni siquiera un mes y pienso en ello a cada instante. Veo su rostro clavado en los cristales cuando estos lloran, e imagino como sería su sonrisa si nuestros cuerpos se cruzaran de verdad. Y mi sonrisa. De como aumentaría mi locura en dos milésimas nada quiere hablar, por que saben que es imposible inmortalizar con palabras semejante paranoia.
Y aún así no puedo sacarme este pensamiento de mis entrañas. Me tortura constantemente y me priva del sueño, del sueño y la fantasía de conocer cual sería nuestra historia si no estuviera putrefacta.
Supongo que algún día nuestro adiós se traducirá en un -nos vemos dentro de 10 años-. Y así, me quedan 9 años y 11 meses para esperar a que regrese a mi ciudad, y esta vez sin que a él le de miedo; y vuelva a cogerme de la mano mientras subimos los escalones de madera de un edificio abandonado. O tal vez son 9 años y 11 meses de espera absurda, por que jamás él va a escuchar a su conciencia suplicarle que regrese a mi.
Nunca he sabido qué es lo que nowhere boy quería, pero ahora, ni siquiera se que es lo que quiero yo.

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