sábado, 16 de febrero de 2013

Cruzando la acera, por debajo del cielo.

Juró que era amor, y que este mismo sería capaz de derribar muros con tal de volverse del color de sus labios. Así se posaron ciento una fantasías sobre sus párpados, y a penas tardaron una vida en caerse por su lagrimal desvaneciéndose por completo. Juró que era amor, y ni siquiera ella misma se lo creía. Tan solo le había mirado a los ojos, desde lejos, rompiendo la monotonía de sus andares en varios trozos; una parte formada por su alma, y las otras dos por su cuerpo.
Y los malo momentos le hicieron creer que no era nada de nada, que simplemente el llanto había hecho borrosa su vista y sus sentidos. Pero siguió adelante, recordando a través de un cristal las facciones de su cara, su melena, su barba, su sonrisa, y todas las ganas de hacerle el amor que se le habían escapado mientras se miraban.
Juró que era amor, y aunque platónico e inalcanzable, por unos segundos; lo fue.

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