De repente se escucha el golpear de una gota de agua contra alguna de las plantas del patio interior de la casa, se escucha un "clap" y poco a poco empiezan a escucharme más y más; cada vez el sonido que produce el choque de la lluvia en las hojas es más rápido, y en menos de un minuto ya solo se escucha "clapclapclapclapclapcap" y así sucesivamente, el cielo ha ido oscureciendo con el paso de las horas de esta tarde perdida, cada vez se ve menos y son las seis de la tarde. Simplemente necesito un momento, pero no llega.
Entonces, en mitad del caos, del ruido, del frío, van bajando poco a poco los decibelios de los golpes y la frecuencia de estos, y el chaparrón se convierte en una tormenta de diez minutos, que va menguando por momentos y minutos, que cuando estos pasan, ya no es para tanto, no hay de que preocuparse porque ya se está a salvo, porque entre las nubes se puede ver el sol y llega, otra vez, el silencio.
Y ya no hay gotas de lluvia, no, desaparecen, ya no las hay nunca más por hoy.
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