Llevaba una camiseta roja, rota y muy grande, dejaba ver su pecho y su año de nacimiento, 1992; la suerte y los pocos centimetros de tela me invitaban a desnudarlo allí mismo, al ritmo de la lluvia del exterior.
No se cuanto tiempo estuvimos allí dentro, mirando al techo, pero pudieron pasar horas y transformarse en segundos al escaparse de mis manos, era mi ultima y única oportunidad de compartir algo tan puro y real con el, solo tenía que decir algo, pero mis labios con consiguieron articular palabra alguna. Los suyos tampoco.
Sabia que nos quedaba poco tiempo, y mis ansias iban a apoderarse de mi de un momento a otro, así que me puse en pie, a su lado, compartiendo pared de metro cuadrado. Sin pensarlo dos veces, me giré en su dirección, puse mi mano derecha en su corazón y con la izquierda le bajé el cuello de la camiseta, posando mis labios en Lolassso gemelasso.
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