sábado, 15 de octubre de 2011

La rosa que espera en el balcón.

Abre la puerta de golpe haciendo que todos nos giremos a mirar que sucede, y con la furia de los siete vientos en sus venas coge una silla, y se sienta, a mi lado.
Huele a alcohol, dolor y lágrimas, tanto, que me hacen señales desde el otro lado preguntándome que es ese aroma a desamor; tiene los nudillos color malva, y un corte en las muñecas. Se me parte el corazón al verlo de este modo. Impotente ante su imagen le pregunto al oido que sucede, y él me responde con otra pregunta -¿tienes tabaco?-, segundos después de mi respuesta se ha puesto en pie, me ha cogido de la mano, y como entró, haciendo mucho ruido, nos hemos salido fuera a consumir en humo lo que queda de él por esta noche.

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