viernes, 7 de octubre de 2011
sonsona sonora
Entré en su habitación a susurro de buenos días, aunque no se despertó, aunque eran las cinco de la tarde; me tumbé a su lado en el colchón haciendo mucho ruido y acariciando sus facciones con los dedos al pasar, le quité el porro de la yema de sus dedos y las botas granates que seguro llevaba semanas sin quitarse. Me tumbé de lado, para poder mirar como poco a poco sus pestañas iban amaneciendo y formaban parte de este mundo de vivos locos. Eran mucho mejor sus realidades, en las que no había lugar para los sentimientos y te guiabas a base de sensaciones, aunque he de reconocer que los momentos mas felices del viaje, los vivíamos respirando con los pulmones y esperando a que las burbujas y el color morado volvieran a aparecer una vez mas en las nocturnas tardes de kaos.
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