lunes, 15 de octubre de 2012

Te mereces el cielo.

Que se escuchan los grillos, y quiero escribir afónica con la voz entrecortada, tratando de trepar por una reja que a lo único que me guía es a saborear el miedo y las ganas. Y deseo saborearlo todo. Por que me apetece subirme a la copa de un árbol, para tocar la luz, y sobre la luz se posa la luna. Y ella es la única capaz de decirnos esta noche donde estamos. Yo la veo, y tú tal vez puedas verla detrás de una nube. ¡Mira! Nos hemos ganado el título de vencedores sobre la faz de la tierra. Hemos hecho un corazón con varios cuerpos, y hemos fundido tu barba y dejado que se pusiera a hablar sola, a susurrar el misterio de por qué dos personas pueden sentirse una sola, como te siento yo a ti.
Y yo ahora, y él a mi, me ha dado el valor suficiente para pisar toda la mierda que me ha alimentado y me ha hecho ser lo que soy. Por que aunque la luna haga que mis ojos brillen más, yo tengo miedo a la luz que no poseo. Y ahora mismo podría tenerle miedo a la oscuridad, e incluso a la droga. Podría temer no despertarme jamás aunque así lo haya deseado. Y podría afirmar que nada de lo que digo tiene sentido alguno. Por que no escribo yo, sino que el pasado escribió una carta a mi presente, por si acaso seguía siento tan estúpido de creer en él, cuando él no es nada.

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