sábado, 6 de octubre de 2012

Entra por mis puertas.

Mi respiración pende de un hilo y de su sexo, y aunque no he encontrado respuestas, estoy segura de que todo cuanto sucede en mi cabeza es por él. Que ya no comparto mi azúcar con el mundo, y todo lo que un susurro puede provocar en mi piel se lo lleva, no regresa a mi; por que yo se lo entrego a cucharadas pequeñas, para que no se atragante. Que no me gustaría despertarme un día otoño y no sentir sus dedos sujetando mis braguitas, yo, lo que quiero, es que sea mio para siempre. Que me penetren los dientes de su sonrisa dos veces cada minuto en el que se encuentre a mi lado, que juegue a inventarse una palabra que pueda definirnos si es que existe, que se divierta conmigo como si fuera un viejo juguete de color verde, que me regale sus segundos para recitarme dos jilipolleces, que me diga que le excita cada acto que invierto cuando le toco, que me ame en el suelo de mi habitación con los mismos nervios que la primera vez que sus latidos marcaron mis muslos. Que nunca me pregunte por qué.
¿Sabéis? Alguien ha conseguido hacer conmigo lo que la primavera hace con los cerezos, ha sujetado mi cuerpo a su cama, de pies y manos, y yo estoy dispuesta a permanecer aquí hasta que el sol de vueltas al rededor de nuestro brillo. Alguien es capaz de robarme a carcajadas la esencia, y deseo que se guarde en él para siempre. 

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