martes, 30 de octubre de 2012

Cocodrilo.

Decidieron jugar a un juego: Soledad confesó que es él quien controlaba su mente y todos y cada uno de sus sentidos, y ellos, querida Tristeza, trataron de explicarle porqué.
Soledad fue la reina de la vida, diosa entre las musas; contempló el cielo reflejado en un pozo; era quien podía controlar cualquier paso que pudiera asustar a la oscuridad; y desde que cruzó su mirada en sus pupilas, era capaz de arrodillarse para pedirle que le besara de nuevo antes de irse. Soledad hizo que cada una de las estrellas huyeran ante su mirada, derribó a todas e hizo que apartaran sus destellos fuera del firmamento para hacerla brillar a ella. Pero desde que cruzó su mirada en sus pupilas, no brillaba ni siquiera un poco. Ahora era ella quien se escondía de la luz del sol, y quien pasaba horas oculta bajo la comisura de sus labios mendigando una sonrisa. Soledad cambió el gris por el color de sus ojos.
Por que desde que cruzó su mirada en sus pupilas, averiguaron al final sus sentimientos, Soledad ha quedado hechizada.

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