viernes, 28 de diciembre de 2012

Dos moretones a cada golpe de cadera.

La caridad de sus mejillas es capaz de reunir doce flores y deshojarlas delante de mis ojos, y quien dice flores dice orgasmos, y donde dije deshojar no olvidéis que me hizo con sus dedos. Puta locura que se desarrolla debajo de las sábanas, cuerpo contra cuerpo, temblando, sin apenas poder respirar. Alimentándome de lo que no es ni aroma ni esencia, sino él; de lo que va cayendo por su pecho para confundirse con el mío. Agotados, con ganas. Grabando el amor que se le cuela por mi culo desde un pequeño foco de luz, para verlo más adelante, para hablar de cuantísimo echo de menos su miembro calentándome los muslos ahora mismo.
¿Queréis un pedazito de pastel de frambuesas? Me lo hace con amor. Y yo le hago a él galletas de chocolate, calientes. Por si a caso me quedo con hambre después de llenar mi boca a mordiscos pequeñitos de pecados y su espalda de cicatrices. Que tenemos los despertares que más valen la pena, aquellos que te hacen sentir un poquito sucia y un poquito salvada del fin del mundo al mismo tiempo. 

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