domingo, 30 de diciembre de 2012

Palero lo llaman.

Mi cigarro se iba consumiendo a solas conforme las horas iban pasando y yo perdía los días en grupos de cuatro gemidos. Su respiración me ayudaba a dilatar las fantasías, ya que siempre me han dado miedo los días de lluvia por eso no de poder salir a fumar.
Puede que suene sucio, e incluso que mis intenciones se hayan escapado de la caja de los buenos modales: pero no voy a abandonar semejante excitación por una mera formalidad. Me seduce, cuando me habla me seduce. Y mi mirada se transforma en esas gotitas que juegan pegadas en el cristal a ver cual llega antes; yo deseo llegar la primera a su cuerpo. Por que las cenizas dejaron una marca en sus camisas, y yo desearía besarla como si fuesen sus propios labios. A pesar de solo sentirlo dos veces por semana, por la mañana, desde hace 105 días.
Aún así, parece que el tiempo haya durado toda la vida; mientras la necesidad de café embriagaba mis sentidos y me hacía cómplice de la espiritualidad de la situación.
No quiero que desaparezca de mis libros, y si hace falta reviviremos la última escena del paraíso, aunque todavía dudo si desea la amistad o París.

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