Provocas que me tiemblen los dedos de las manos, únicamente los que necesito para escribir, que precisamente no coinciden con los dedos que tú usabas conmigo. ¿A qué cojones juegas, diablillo? Te aproximas corriendo por detrás, y yo me giro; no esperes que sonría si tú solo esperas dominar mis caderas un par de horas. No hace falta que me invites a fumar, ya se que quieres. Como hijo de Satanás te pronunciaste, y de esa misma forma tratas de manejar los hilos que componen mi existencia. Si te vieras correr por las calles, empujado por el viento de raza pura; que ridículas quedan ahora todas nuestras promesas, incluso tu figura por mucho que el pelo te cubra los ojos ¿no crees?
Peor momento para invadir las calles no existe, ya tenía tu aroma en la ventana los días pares; pero ahora, has abandonado los restos de mi sangre que te quedaban en la boca para recurrir a mi piel también. Olvídate, cielo. Ya no pertenezco a tus paredes ni a tus sombras, ya he borrado los vestigios de tu esencia de mis venas. Ahora he roto tus cadenas para ser sumisa del cimiento de mis mañanas, y no vas a poder frenar esto por muy rápido que te acerques.
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