lunes, 10 de diciembre de 2012

Donde acaban mis piernas susurra pecados.

Me gusta que me haga el amor rápido pero sin dejarse ningún detalle. De los pies a la cabeza devorando cualquier trozo de piel que se le cruce entre los dientes y la memoria. 
Adoro cuando me hace gritar más de la cuenta, y se despiertan los vecinos, ladran los perros, y el suelo queda vibrante de una forma terrorífica. Me gusta él y todo lo que me da. Que me pida que me ponga a cuatro patas con voz perversa, y que yo me desnude con la timidez de una principiante. Es mucho más que precioso tenernos, es poéticamente malévolo. Mánchame las mejillas de tus dientes. 
Me gusta tenerlo atado a mi cintura, y que se nos desaten las consciencias para que me anude las muñecas a los lados de la cama. Y pensar en como se guardan en mi todos los recuerdos, como me sodomiza un poquito. Y otro poquito más. Me agrada poder vernos, palidez contra mi cuerpo, rodillas flexionadas, suspiros que revientan el dormir. Así somos.

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