Han pasado horas desde su abrazo. Muchas horas, dos cigarros, un bote de pintura blanca, 15 canciones de Jose Gonzalez, varios discursos políticos, alguna foto, e incluso una vida, pero no mi sonrisa. Ha sido instantáneo, en el momento me ha cogido por la espalda mi cuerpo no ha podido evitar saltar a su encuentro, rodearle con brazos y piernas, apoyar mi cabeza en su hombro y besarle el cuello. Besarle las pecas. Entonces ha nacido en mi rostro una sonrisa, y aún no se ha movido de allí.
Cada vez que lo recuerdo floto un poquito por encima de todo y soy completamente feliz.
Tan completa que todavía dudo si mi imaginación ha vuelto a cambiarme los muebles de sitio dentro de mi pequeña realidad y soy únicamente yo, que de tanto desearlo, he conseguido que su fantasma venga a mi y sea él quien me abrace.
No hay comentarios:
Publicar un comentario