viernes, 17 de mayo de 2013

Payasos y funambulistas.


Sin apenas contenido, casi vacío, va creciendo poco a poco sumergido en sus pecados capitales. Ha caído en todos ellos, y ni siquiera se arrepiente de que su alma tenga sitio reservado en el infierno desde que nació. Se destruye a sí mismo contaminando a quienes le rodean, buscando que el sufrimiento y el dolor le devuelvan los latidos que hace tiempo perdió. Le ponen tristes las sonrisas, los colores apenan su rostros y no puede soportar el sonido de una carcajada auténtica. Jamás ha reído, y lo peor es que no desea hacerlo.
Supongo que el odio es el único sentimiento real que conoce, pues el placer que le da una fotografía oscura, un folio en negro, una silla vacía o la desgracia del universo; para mi, no es placer de verdad.

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