domingo, 12 de mayo de 2013

Paul.


Él era un completo desconocido que fumaba y se reía detrás del cristal del cine. Lucía una camiseta de Led Zeppelin y un sombrero de paja. Tenía el pelo desordenado, no sabía bailar, le gustaba el costo más que la hierba, y el mismo Dios le enseñó a engullirme el coño. Sudaba bajo los focos, pero tenía frío cuando follábamos sobre el césped mojado, rodeados de cuervos. Una vez me cogió de la mano. Tuve que huir para despedirme de él antes de que volviera a Francia. Le besé hasta herirle los labios, hasta que toda su boca fue roja.  Aquellas paredes de ladrillo con hiedras vieron cuanto le amaba. El castillo de aquella ciudad invernal fue nuestro telón de fondo. 

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