martes, 17 de mayo de 2011

Dos caladas más y lo dejo.

Noto un semicosquilleo que empieza en las yemas de mis dedos, abro y cierro la palma de la mano pero no cesa, sube, y se expande por mi brazo, tengo la sensación de tener la carne de gallina, aunque no es así, le digo a mi cuerpo "para, estate quieto", pero no me hace caso, y comienzo a sufrir un temblor de rodillas incontrolable, parece que la fuerza de la gravedad hace mas presión sobre mi que nunca, me atrae fuertemente hacia su suelo y me separa del mundo; levanto la mano izquierda haciendo un esfuerzo similiar al que se debe hacer al coger una tonelada de algo, para apartarme el pelo que el viento ha dejado en mi cara, me pesan las pestañas, me cuesta parpadear, noto como se cierra cada poro de mi piel y se adiere a mis huesos, me va a estallar el cráneo, me duele, me estira, "es todo psicológico" pienso, pero no me lo creo ni yo; necesito tumbarme, busco un punto de apoyo, encuentro una pared, pero no puedo llegar a ella, mis pies impiden que me mueva, estoy completamente paralizada, ni siquiera el poniente mueve ahora mi flequillo; de pierda, me has dejado de piedra, me has tallado en roca y me has abandonado aquí, sola; tengo miedo, tengo frío, ganas de llorar, ganas de reir, y todo al mismo tiempo.
De pronto una implosión de sensaciones estalla concentrada en un único y diminuto punto en mi, ¿mi pecho? ¿mi cabeza? no, explota en mis dedos, los miro preocupada, y es que el cigarro se ha ido consumiendo poco a poco mientras pensaba que te has ido, ha llegado al filtro, lo ha deborado, y ahora, acaba de quemarme las huellas dactilares.

No hay comentarios:

Publicar un comentario