martes, 17 de mayo de 2011

rie, lie, rie.

Solamente se escuchaba el ruido del bolígrafo en el folio y el sonido de su mano al moverse sobre la hoja de papel, estaba tan concentrado en su poesía, en sus textos, estaba tan sexy.
Todas las noches que hacíamos el amor al acostarnos solía susurrarme que yo era su musa segundos antes de rozar nirvana; y luego, en mitad de la noche o ya por la mañana muy temprano, salía de la cama, desnudo, me besaba, y se ponía a escribir durante horas, no paraba, llenaba páginas y páginas de su libreta de cuero marrón; a veces arrancaba alguna cuidadosamente, y sin hacer ruido la tiraba doblada a la papelera del cuarto. Yo le observaba desde la cama, pero sin penas pestañear; no por dejar de mirarlo unos instantes, sino para no romper aquel perfecto silencio sepulcral.

No hay comentarios:

Publicar un comentario