martes, 31 de mayo de 2011

Fuma y vuela.

Las paredes de aquel baño eran frías, de azulejos blancos y azules, el invierno se había colado en ellos, supongo que allí siempre fue invierno, para lo bueno, para lo malo; pero en tardes como aquella, hacíamos aparecer el calor, por unos momentos, nuestra temperatura se habría paso entre las sombras de aquel paraíso perdido y helado, y se quedaba ahi, por un tiempo, junto a nosotros; la misma temperatura que hacía que nos dejásemos llevar, que nos moviésemos de forma lenta y brutal rozando las paredes del lugar, que sintiéramos los pensamientos del uno en la piel del otro, la misma temperatura que aparecía, cada vez que queríamos demostrar que seguíamos vivos, y latiendo juntos.

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