Me dijo que nos fuéramos deprisa, o la luna llena iba a descubrir que estábamos allí aquella noche, entonces me cogió de la mano y se lanzó a correr conmigo por las calles de Dublin.
Habíamos estado toda la tarde haciendo el amor en el tejado de un edificio antiguo de número 47, habíamos subido aún con el sol puesto por la escalera de incendio, y sobre el suelo rojizo nos habíamos dejado llevar, por el ritmo de la noche que venía y por el humo de unos cuantos cigarros de la risa; nos habíamos vuelto locos, y nuestras paranoias iban aumentando con cada prenda de ropa que caía, no sentíamos el frío, tampoco el cansancio, la luna se ponía en lo alto en unas horas y no había tiempo que perder.
Se lanzó a correr conmigo por las calles de Dublin, y yo, me dejé llevar.
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