El polvo se ha apoderado de su sombra, y las lágrimas de mi. Es muy egoísta por mi parte despreciar al único hombre que en realidad me amó, prefiriendo a los malditos dioses de mi literatura. Desearía significar más para ellos, o que simplemente me recuerden como algo vivo que sigue latiendo, y no como un vago recuerdo de lo que un día fue.
He sacado, a quien me ocultó del sol en la primera noche, del armario; ya no es igual. Sus letras han perdido el brillo del reflejo con el paso del tiempo. El mástil de ambas guitarras queda partido en telas. El cassette ya no significa nada, mas que sino, las dos caras, A y B, de dos historias. Y cada cual con un sentido y final más trágico para mi. A pesar de que para ellos, nada ha cambiado, pues no están divididos en medio de una explosión. Yo perdono, ellos fingen, demasiado bien, que olvidan.
Matar los sueños y las esperanzas que quedaron grabadas con un rotulador en terciopelo negro. Inmortalizadas en una foto que aún queda sujeta a las leyes de su cintura. Sumar uno a todos los que él ya lleva, y darle mi cara oscura con la intención de que la conserve siempre. Pero no, guardo otra vez mi cuchillo, y espero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario