Como dice la canción me drogaba, me miraba, y me volvía a drogar. Dentro de mi, y entre un caos mental absoluto, le suplicaba que me atropellara la acidez con hielo líquido. Que me durmiera las horas sin cerrar las heridas. Y sobre todo que me abriera de par en par. Cicatrizándome. Besando mis venas más azules, las de las muñecas. Mientras me ataba con un pañuelo a la cabezera de la cama. Y me denotaba.
Así deseaba que viviéramos nuestra historia, siempre fui consciente de que caminábamos juntos por pura codicia y que teníamos fin, por eso mismo quise vivir rápido en su carne, con la esperanza de porder arañar la superficie de su piel y guardarla en mi.
No hay comentarios:
Publicar un comentario