Pasa el tiempo y se me van las ganas, me las asesinan y yo muero. En estos momentos, es hora de hacer inventario, y siempre surge un tercer hombre, un cuarto, hasta ocho millares. Y antes de que pueda decirte que no tienes mi permiso para meterte en mi cabeza, ya lo has hecho, ya estás dentro; pero tú quieres que te invite, la verdad: no es tan fácil. Ojalá pudiera volar, con hélices blancas, sobrepasar la contaminación de las memorías y el olor a podrido del recuerdo. Por que cada vez que te veo, lo siento, como si derramaras a fuego el cielo, en un bote azul. No cabe.
La próxima vez, dispárame las ganas, pero aprende a crear golpes limpios, directos a mi corazón. Ya no permito fallos. Por lo menos no te los permito a ti si el fin de tu cazería abstracta y constante es romperme el corazón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario