Son cinco. Podría hablar de cinco placeres, cinco noches, o cinco deseos incumplidos. Pero hablo de cinco almas, cada cual más pura e inocente. En total, los cinco suman siete, pero los dos últimos son los más importantes. Él y ella, caminan juntos; y vencen todos los obstáculos que suponen las guerras por los relojes. No está bien llamarlos idiotas. Se me llenan los ojos de lágrimas solo con pensar la entrega y el esfuerzo que suponen. Dos para cinco. Y el cansancio que implican ya sus besos, todas las noches.
Debe de ser reconfortable saber que ellos los tienen ahí, para siempre. Pero, ¿y el día que no estén? Que se vayan. No puedo imaginar que va a ser de las cinco almas. Andar a solas, como son, y en este mundo, cruel. Gracias a Dios que los tienen, y que desde sus ojos, defectuosos, pueden ver mejores perspectivas que otros muchos que no corrieron la misma suerte.
Son siete, y a pesar de que las hojas se marchiten, siguen adelante. El amor mueve montañas.
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