Crujen las sillas como mis huesos. Cruje hasta el amanecer si lo miras con los pies un tanto fríos. Todavía quedan luces en la calle, y los cuerpos desnudos de nuestras almas ni siquiera han comenzado a bailar. Había una vez un reloj al que nunca daban cuerda para que no corriera el tiempo. Y fin.
Las historias de hoy en día se componen de cuatro mentiras y dos buenas noticias. Y si lo piensas, hemos recibido el juego antes de que se hayan especificado las normas. Me odio tanto, exigiría que se leyesen mis derechos para así poder callarme, o dejar de actuar como una inteligencia vacía. Se pierde el rumbo de quienes circulan vacíos, y a quienes nos acompaña la buena suerte nos gustaría poder perderlo todo.
Así me siento, tan débil. Tan hecha de fuego y aliento que a penas puedo huir del calor que corre por mis venas. Pero suplicaré al reflejo de mis sombras que de cuerda a mi reloj, o por lo menos que invierta sus colores y haga él que pase el tiempo.
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