domingo, 14 de abril de 2013

Planto margaritas en la puerta.

Mi existencia se asemeja a una obra de literatura. Aunque nunca he dicho que fuera una de las buenas. Se desviste como una partirura, una voz, o un verso que jamás va a terminar. Busco respuestas a las páginas que han quedado en blanco, o las que faltan por escribir; voy destrozando con los dedos la pequeña máquina de escribir que me forma. Un día llegaré a romperla.
Mi día a día es mi propio escenario, una obra de arte, que como los poemas de Charles Baudelaire, se lee en tono desagradable y disgusta a los oídos de muchos.

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