Continúo sintiendo frío por mucho que mi mente susurre "calor", igual que continúa mi mente echándote de menos por mucho que mi cuerpo te susurre desde lejos. Voy perdiendo mi sentido y mi elocuencia conforme pasan los días y van cayendo las hojas. El viento corre detrás de la ventana, el aliento sube por mi córnea. Han pasado 81 días y 13 horas desde que me robaron el alma. Aún no la he encontrado y las malas lenguas murmuran que está violada y pasando frío. Era capaz de tragarse mentiras y soportar verdades, de hacerse sangre en los labios por frenar la rabia. La quiero de vuelta.
Que me cuentan mis escalofríos que ya no late, que no respira, y que le falta una caricia para evaporarse por completo. ¿A dónde van las almas desprotegidas? ¿Quién se las lleva? Me asusta la idea de que se vaya, que me deje sola.
Y se fue.
A ella la he perdido, pero he encontrado a quien la asesinó. Le he preguntado, cuál era la diferencia entre un vaso de absenta y el ocaso. El abismo ha sido su pensamiento, el silecio su respuesta. Arráncame la ropa, por favor.
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