miércoles, 1 de junio de 2011

Marilyn monroe me persigue por las calles.

No hay día que no mire el buzón, por si acaso; sigo esperando una respuesta después de tanto tiempo, su respuesta al fin y al cabo, pero no consigo nada, se ha vuelto la agonía de mis pesadillas, el mal trago de mis noches, el dolor de las mañanas; se ha ido él, para siempre, el malestar sigue conmigo; es frustante, desesperante, y lo peor es pensar todo lo que fue -y hubiera sido-, todo aquello que ahora se resume en mentiras y silencio.
Una vez ralló unas gafas por amor, amor no de verdad, por supuesto, y se equivocó al hacerlo, dijo "mi más grande amor, más grande dolor" y puede que aquel amor, por aquel entonces, fuera inmenso, pero el dolor no es suyo, ni ahora ni en el momento el que escribió aquel poema, la que lo siente soy yo.

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