lunes, 13 de junio de 2011

Hard candy y batidos de vanilla.

Nadie sabe que pasa detrás de esa puerta, pueden haber 20 personas jugando con papel de plata y polvo blanco, pero también puedes quedarte solo, esperando a que alguien venga y te despierte con un soplo de humo y no con agua fría; dentro tampoco sabes que pasa al otro lado de los muros, ni siquiera cuando las puertas de las habitaciones están abiertas; la de madera de la entrada forzada no te invita a caminar hacia dentro, y los huesos de una mano blanca de pintura insinúan que te vayas, pero aún así yo entro, y es flotante.
Desde la calle al pasar nadie sabe todo lo que ocurre ahí dentro, al mirar por la ventana solo ves una bandera anarquista, puedes imaginarte cosas, pero ni siquiera andarás cerca de lo que realmente sucede; escuchas vida canalla superando cualquier expectativa y todos los decibelio, pueden hablarte de amor, de sueños, de sexo, de drogas; y puede hacerlo tu vecina o un zombi, y cada cual es más sorprendente; la música coge mas fuerza al conectar los amplificadores, guitarra y bajo, y entonces todo recobra un nuevo sentido, para los que yacemos dentro, y para los que observan desde fuera.
Botas de hierro, pantalones arremangados y colillas son lo único que pueden ver los perros, hay miles, o ocho, pero están por todas partes: canalla, diablo, punky, mamón, todos ellos, y mi favorito: murphy; no se cual de los hombre con los que comparte el nombre le dio la idea a lola de ajenciarselo al cachorro, pero tiene dos meses, el pelo gris, los colmillos afilados y las orejas sin cortar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario