martes, 17 de abril de 2012

Pedetes.

Tengo un recuerdo en mi cabeza, miento: tengo miles, casi millones de pensamientos dispares que forman mi cabeza y mis ideas esperpénticas. Y son cada uno de los instantes que hemos vivido en fotogramas diminutos que invaden mi mente y me llenan el subconsciente de cosas perfectas. Como él. Perfume de suma perfección en mis días pares. Y en los impares.
Me subió sobre sus zapatos a bailar, no había música, ni siquiera habían zapatos. Descalzos, sobre los huesos de sus pies se posaban los míos, con miedo, con fascinación. Canté una canción desafinada, que seguro desvelaba una vieja historia de desamor; no le puse letra, y sus pasos de gigante se encargaron de marcar el ritmo de nuestro baile.
Juro que volé. Por encima de todos los edificios cercanos, por encima de su cuerpo y de mis ganas. Juro que mi pelo se movía con el viento, con sus manos en mis caderas. Juro que en aquel momento mis labios gozaron de la felicidad más absoluta. Con mi oído en su pecho, mis manos rodeando su estructura. Juro que nunca, alguien humano, me había hecho sentirme tan bien, tan realizada. Tan segura perdida en sus pupilas, que siguen brillando, que sigo cantando, y que nuestros pies siguen unidos y descalzos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario