domingo, 11 de septiembre de 2011

Objetivo fijo número 15.

Sus pies se asomaban por debajo de la cortina marrón con flores moradas y puntos blancos que empapelaba la habitación desde el techo al suelo cubriendo la pared que daba a la calle, yo sabía que él estaba ahí, detrás, escondido, esperándome; y me encantaba.
Mis pies hacías ruido al pisar descalzos el parqué hasta llegar a la cama, les hacía caminar despacio, descuidados y torpes para parecer sorprendidos en cuanto él saliera de su escondite y corriera hacia mi.
Los escasos 20 segundos de recorrido desde la puerta hasta el colchón provocaban un tirón en mis labios haciéndome lucir una sonrisa, de esas que te hacen enseñar los dientes, todo por culpa mía, por pensar en él.
Estaba enamorada de todas y cada una de las facciones de su cuerpo y sus pies no iban a ser menos, grandes, pero suaves conmigo cuando me acariciaban las piernas o cuando caminaban de puntillas por la habitación, segundos antes de que sus manos me capturasen en noches como aquellas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario