Su piel es tan pálida que es imposible mirarla dos veces sin prenderse de ella. Que alguien me explique por que no hay ni una sola imperfección en toda su estructura. Ninguna. Hasta la curvatura de su espalda se vuelve magia formando un cuello tan largo, que podría escribir en él los sonetos más sinceros jamás escritos. Que su cuello, cuando lo miro de lejos o le hago sentir el viento me grita, me dice -ven, muérdeme que puedo ser tuyo-. Sus piernas acompañan la perfección de esta sien: son largas, y finas; y parece que se mueven a placer conforme va caminando despacio. Caminando mientras se acerca a mi desde lejos, con la inseguridad de ser descubiertos atacando a las pasiones; entonces yo, le sujeto fuerte pegado a mi e intento absorber este miedo. Su rostro es completamente simétrico, con unos ojos grandes y oscuros, y a veces rojos; coronando su alma. Sus mejillas son suaves cuando rozan con las mías. O cuando las muerdo y beso en momentos de desenfreno corporal.
Sus manos son delicadas, enormes; tan grandes que logran cubrir toda mi espalda, mis tetas, mi cara cuando me acaricia y subraya mis rasgos con las yemas de sus dedos.
Es perfecto, es perfección y sabiduría, es su mente conjugada a un cuerpo infinito y completamente delicioso. Es mi perdición continuamente. Y desearía perderme con él en los instintos de mis sábanas rojas para siempre, parar el tiempo; y que su esencia jamás se borre de mi almohada.
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