Necesité dos cerillas para encender la llama y materializar todo lo que representaba el pesimismo. Al final del día encontré 47 símbolos poéticos, cuyas miradas eran parcialmente oscuras y escondían cualquier desliz paralelo a un abrigo. El viento movió mi fuego con su energía de venganza, pero yo seguí indicando el camino al olvido por falta de fuerzas para seguirlo; a ver si de una puta vez sentía su efecto subir los escalones de cemento que sabía me llevaban a la gloria.
Dejé de hablar y guardé el silencio en mis obsesiones y paranoias, pero un grillo irrumpió mi velada de reflexión mandándolo todo a la mierda; al fin y al cabo nunca nada había funcionado con la sangre sucia. Ni siquiera depurar las venas a base de buenas intenciones era capaz de colocar aquel desorden, que son mis tinieblas, mi cabeza. Las mentes se disfrutaron juguetonas a la luz del gris rallado, y no follaron. Se follaron los cuerpos para intentar demostrar a la mente que no existe la verdad y hacer temblar así sus cimientos. Aunque no tenga nada que ver; basar una imprudencia en algo únicamente carnal nos trajo la ruina. Yo aquella tarde desvelé de una mirada una historia, y no he podido recuperarla jamás.
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