Merece la pena morir, y eso pides, por vivir la vida a un modo. Cada beso desfallece a nosotros, que hemos nacido de carne, y brotado del son avaricioso de las guitarras, rodando, y no por nosotros mismos, renuncio a ti: que me has hecho lo que soy. Que me has dado alas, y mares; que son lo que da sentido a mi patética ingeniería poética. El sudor como resultado del esfuerzo, y como prueba de que trabajamos en conservar nuestra gloria. Pero el sufrimiento, sin belleza, es lo que se ha guardado en nosotros.
Me hiciste transparente, a ti, amaneciendo. Los poderes de tu naturaleza se conjugaron en una canción a media voz, poblando mi cabeza de torturas, y arrebatándome todo cristal suave al tacto. Cristal de espejo, espejo de mi alma. Yo lloro, mi esencia grita.
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