Nunca unas manos tan pequeñas habían despertado tanto revuelvo: despertaron mis sentidos, los cinco, dispuestos al ataque a la minima señal. Despertó mi alma, moviéndome el pecho de tal forma que hizo gritar a mis ganas. Despertaron estas, espectantes a cada uno de sus movimientos. Me despertaron toda, tus manos, me realzaron la vida.
Y ahora, cada día, dependo de esas manos que me balancean y provocan tranquila; por que en el momento ellas me fallen, yo caigo.
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