Observar como te alimentas de mi como si fuera algo nuevo, algo grandioso. Y lo es.
Pararme a pensar, bocabadada, cómo hemos llegado aquí, tú, yo, nosotros. Que en realidad somos únicamente un cuerpo que busca la satisfacción exacta que no le da el amor; conociendo paredes como límite de la piel, como línea de puntos y besos que la forman.
Sobrecogerme extasiada cada vez que imploras mi cuadro, cerrar los ojos y susurrar todo tipo de blasfemias, por que es genial, es mágico, y proviene de tu recuerdo en su totalidad. No es justo que este, el que procede de mi memória, sea tan vago; pero lo cierto es que en el momento perdí tus cien fases, junto con muchas reliquias más, me interesé de un modo descomunal por recordar cada una. Y ahora, cada vez que las recuerdo es en caliente, polvorienta, y con la necesidad de volver atrás para recuperar todo lo que has sido.
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