Hacía muchos folios que mis dedos únicamente se movían para narrar las calamidades de mi alma y mi conciencia, pero ahora todo ha cambiado. De pronto, un aroma delicioso ha irrumpido en mi agonía, ha quebrado las cadenas que el pasado había clavado en las paredes de mi cuarto y todo a recibido un significado nuevo. Han resucitado mis palabras; pero no solo ellas, ni tampoco solo mis dedos. Yo. Yo he vuelto a la vida. Él. Él me ha devuelto las ganas.
No se por qué, desde cuando, ni como, pero lo cierto es que me ha abierto los ojos a algo brillante, que pueden ser sus pupilas con la luz tenue, o sus manos que se pasean por mi espalda, o su risa cuando besa o lo que esconde su cabeza que tan loca me vuelve. Él es magia y extremada fantasía, está loco, y jamás he agradecido tanto compartir sus tonterías. Me hace ser sueños y canela, y fuego que huele a miel, del sabor de mi cuerpo y de su esencia que queda impregnada en mis sábanas cada vez que se va.No quisiera que se fuera nunca, y me encantaría poder conservarlo cada vez que las horas pasan, como segundos, y llega la hora de despegar nuestras miradas y labios. No quisiera desprenderlo de mi almohada; pero de momento, no podemos fundirnos y gritarlo con el viento.
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