Como el reflejo de una chispa iluminada por la chimenea, así buscan mis ojos sin querer tú puerta mientras entro y salgo de un bosque a pedazos. Ya nunca te sientas en los escalones que tantas veces he bajado, silenciosa, para volver a casa; ya no se apoyan las cuatro ruedas de tu tabla en la fachada de la calle, mientras fumas escuchando música, o como señal para indicarme que estás arriba y puedo subir a quererte con alas, por momentos. Ya has desaparecido por completo de allí.
Pensé en atar un candado en la pata de tu cama por cada noche que me amaste incondicionalmente, pero estaba segura de que al ponerme la ropa ya no iba a tener sentido ninguna promesa que hicieras erecto. Por eso mismo me dediqué a aumentar el morbo cada día en vez de demostrarte que podía hacerte feliz de verdad, en lugar de feliz por eyaculación.
Así nos fue.
No hay comentarios:
Publicar un comentario