Sobrecargar una terraza de humo y aspiraciones, cubiertos por una manta y las estrellas que no se ven a medio día. Hacer el amor a pesar de que llamen a la puerta, y gemir muy fuerte para que sepan que no estamos en casa. Mirarte de reojo con los nervios de ser notada por tus pantalones, o simplemente por el resto del mundo. Escabullirme en el agua, sabiendo que al coger aire del exterior ibas a estar ahí pendiente de mi piel mojada. Temblar del miedo, del frío, de la intriga, o por haber consumido una eternidad en porros a tu lado. Recrearme con el sonido de un bajo que suena dentro de una caja de cristal constantemente y a todas horas. Correr por las calles de una ciudad estrangera parafraseando los largometrajes más intensos. Pronunciar tu nombre al revés o cambiando las letras para que nadie sepa que pienso en ti a todas horas. Soñar dos veces cada noche con la libertad más absoluta que alcancen los rayos de un sol latiente en mi. Sentir el agua arder en los dedos, de las manos y de los pies, mientras el vapor inunda mi pensamiento. Escribir sin importar para quien, pero hacerlo desde lo más profundo de mi, y de forma rápida.
Salir sin ser notada. Esperar a días concretos. Llorar a solas. Y morir.
Salir sin ser notada. Esperar a días concretos. Llorar a solas. Y morir.
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